
Conocido tradicionalmente con el título de La campana de Huesca, probablemente sea éste uno de los lienzos más truculentos y sobrecogedores de toda la pintura española de historia, además de la última gran obra maestra que Casado del Alisal dejó en este género, realizada con toda la sabiduría de su mejor arte, en la plenitud de sus cuarenta y ocho años, siendo ya uno de los pintores de mayor prestigio de su tiempo y el flamante primer director de la Academia de Bellas Artes de Roma. Por esta circunstancia, fue en su taller de San Pietro in Montorio donde el artista concluyó el cuadro, enviándolo desde allí a la Exposición Nacional de Bellas Artes de 1881.
