Bocanegra, discípulo directo de Alonso Cano, fue nombrado pintor de la catedral tras la muerte del Racionero, y después, en 1676, pintor del Rey, siendo artista muy desigual a lo largo de toda su carrera. Sobre un fondo de cielo, rodeada por cabezas de angelitos, destaca, en la parte central, la Virgen con el Niño sobre un trono de nubes.
